El Sol Negro y el Abismo Interior
La meditación oscura surge como un gesto de
recogimiento profundo. En ella, la conciencia abandona la superficie y se orienta
hacia un espacio interior más denso, más silencioso, manifestando aspectos
ocultos pero troncales del ser y de la realidad. Algo en el interior reconoce
que la claridad auténtica nace en regiones poco transitadas.
Este camino conduce hacia la sombra interior, hacia el
punto donde las formas habituales pierden solidez. Allí aparece el símbolo del Sol Negro, eje central de esta
experiencia.
El Sol Negro, símbolo mítico que aparece ya en textos
sumerios y se representa en viejos tratados alquímicos, actúa como un centro de
gravedad interior. Su presencia atrae la atención hacia dentro del sí mismo,
comprimiendo la dispersión y concentrando la conciencia en su núcleo oculto. En
la tradición hermético-alquímica, este estado corresponde a la nigredo,
fase donde el yo entra en descomposición ritual y la materia interior se vuelve
fértil.
La contemplación del Sol Negro conduce a una quietud
cada vez más profunda. La mente reduce su movimiento, los relatos personales,
ese ruido incesante de la mente, se aquietan y la conciencia aprende a
sostenerse en un espacio desnudo de expectativas. Este proceso abre el acceso a
una vivencia límite: ¡el Abismo!
El Abismo se revela como una profundidad interior
radical. Las creencias se disuelven, las máscaras pierden fuerza y la
estructura habitual del yo comienza a ceder. En ese umbral, la conciencia se
aproxima a un principio impersonal, anterior a toda forma psicológica.
Desde este punto, la meditación se transforma en
experiencia directa.
Práctica Interior
A continuación te daré un ejercicio, que me ha sido
muy útil los cinco últimos años para viajar a esos terrenos desconocidos del
ser y de la realidad externa. Lo llamo el Descenso al Sol Negro
El primer paso será adoptar una postura estable. La
columna se eleva con naturalidad. La respiración desciende hacia el vientre y
se vuelve amplia, pausada, envolvente. La atención se recoge suavemente hacia
el interior.
Permite que los pensamientos se vuelvan difusos, que
las imágenes pierdan definición. La conciencia ha de concentrarse en una
sensación de densidad tranquila, como si todo comenzara a reunirse en un centro
profundo.
En ese centro, percibe la presencia del Sol Negro. Un sol interior, oscuro y
silencioso, que absorbe la atención y la conduce hacia lo esencial. La
identidad se comprime, la historia personal se afloja, el nombre interior se
desvanece.
La conciencia desciende…
El Abismo se abre como una profundidad viva. Allí, el
vacío se manifiesta como presencia plena, como origen silencioso. El Sol Negro
y el Vacío se reconocen como una misma realidad central.
Permanece en ese espacio. La experiencia debe volverse
íntima, directa, esencial. La conciencia descansa en una lucidez serena,
estable, profunda.
El retorno acontece de manera gradual. La atención
vuelve al cuerpo. La respiración retoma su ritmo natural. Una huella silenciosa
permanece en el centro del pecho o en el interior de la cabeza.
Agradece a los espíritus guías del Sendero Sombrío,
esta posibilidad de autoconocimiento y viaje a lo oculto
El Sol Negro opera como un umbral interior.
El Abismo actúa como principio de transformación.
Te aseguro que si practicas esta meditación de manera
fiel a como la explico aquí, abrirá un contacto directo con el misterio del
Vacío y con el centro oculto de la conciencia, allí donde la experiencia
espiritual se vuelve real, íntima y radical.
Sergio Fritz, caminante de sendas olvidadas.
Fritz.sergio@gmail.com
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