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sábado, septiembre 04, 2010

El Icono y la Tradición Espiritual Cristiano-Oriental (Homero Basilio Reyes)

Un bello artículo acerca del Icono.
Lo recomiendo.

Sergio Fritz.

El Icono y la Tradición Espiritual Cristiano-Oriental


“Para los ojos humanos esta belleza es inaccesible, solamente el conocimiento y el alma pueden alcanzarla. Cuando esta belleza iluminaba a los Santos, entonces, dejaba en el alma de ellos una insaciable sed. Aquéllos, a los cuales el amor de Dios tocó y colmó, no pudieron contener su ímpetu amoroso. Llenos de deseo de contemplación de la belleza de Dios, ellos rogaban que su contemplación divina se prolongara por toda la eternidad.”(1)

San Basilio el Grande

Antes de hablar del “icono” en sí, debemos centrar primero nuestra mirada hacia aquella mentalidad creadora que dio origen a las obras de arte que son objeto de nuestro ensayo. Lo hacemos así, no solo para dar una “orientación” sino también, porque el icono no fue hecho para el simple goce estético sino para que sea un instrumento de espiritualidad y piedad al servicio todos los fieles.

Debemos situarnos en el llamado “cristianismo oriental” que incluye a la Iglesia Ortodoxa, en primer lugar y Católica de rito oriental, en segundo lugar. Dicho cristianismo de oriente está fuertemente enraizado en la enseñanza de Cristo y sus apóstoles, continuada y desarrollada por los Padres de la Iglesia, conjunto con los siete concilios ecuménicos (2). Tampoco debemos olvidar la vida de la Iglesia, su teología y sus fiestas; la historia religiosa de las iglesias de oriente, es en gran parte la historia de monjes, de ascetas, eremitas y santos, que por el amor de Dios dejaron todo, en aras de la contemplación plena y la paz interior.

Muchas de estas historias llegan hasta nosotros contándonos las vidas de aquellos héroes de la santidad que inspiran a todos los fieles cristianos. La gran riqueza espiritual y contemplativa que encontramos en dicho contexto se puede de alguna forma rastrear hasta en la literatura moderna; por ejemplo, no es casualidad notar que el protagonista del libro “Relatos de un peregrino ruso” llevara en sus viajes la Biblia y la Filocalía (3), o en el libro (de Vladimir Soloviev) “Breve relatos del anticristo”, el personaje que encarna al representante de la Iglesia Ortodoxa se llame Juan, el mismo nombre del evangelista que resalta por su contenido espiritual y celestial.

La teología cristiano-oriental se caracteriza por resaltar la plenitud de las personas divinas (de la trinidad), sus diferencias, su unidad en el amor, además de estar fuertemente vinculada (la teología) a la practica religiosa o sea a la relación directa con Dios, por eso un sabio del mundo ortodoxo, Evagrio Póntico, pudo decir: “Si eres teólogo, rezas de verdad, y si rezas de verdad, eres teólogo”(4) . No hay una dualidad entre los tratados teológicos , la mística y la ascética sino armonía, pues según esta concepción “la mística no debilita la racionalidad, sino que la salva y le da horizontes sin fin.” (5). Esto se prueba cuando se analizan los métodos de oración y demás ejercicios espirituales como por ejemplo la famosa “oración de Jesús” (también llamada “oración del corazón”) que consiste en la simple repetición constante de la frase “Señor Jesucristo, ten piedad de mi pecador”. (6)

La tradición Ortodoxa habla de hacer bajar el intelecto al corazón para que exista una unidad entre el conocer y el querer, y de esta forma mantener el “recuerdo de Dios” apartándonos de las pasiones que nos distraen de lo espiritual; en palabras de Teofano el recluso: “Por este medio, el recuerdo de Dios se establecerá en el intelecto y la presencia de Dios brillará en vuestra alma como el sol” (7)

A riesgo de ser repetitivos, nos parece ilustrativo contar una historia del libro ya mencionado, “Relatos de un peregrino ruso”, allí se cuenta una anécdota del peregrino que se encuentra con un leñador que estaba recluido en los bosques y que después de varias mortificaciones corporales y oraciones para purgar sus pecados y salvarse del infierno, empezó a dudar de las verdades de Fe, al oír esto, el peregrino le contesto al leñador: “…la abstención de los pecados por miedo a los tormentos del infierno no es valida ni fructífera y que es imposible librar el alma de los pecados por otro medio que no sea cuidar la pureza de la mente y del corazón, cosa que se logra por medio de la oración interior” (8) y más adelante explica que es inútil mortificar el cuerpo esperando una recompensa por lo que lo que le aconseja a este leñador lo mas importante: “Por más que mortifiques tu carne y hagas trabajos físicos y sacrificios, si no tienes a Dios siempre en tu mente y la oración ininterrumpida de Jesús en tu corazón, jamás te librarás de los malos pensamientos y siempre estarás dispuesto a caer en pecado por el motivos más insignificante.” (9)

Se puede decir que en el clima cristiano de oriente hay un equilibrio entre la espiritualidad individualista y el institucionalismo estéril ya que la vida se hace en la Iglesia, unida a sus clérigos y dogmas y la búsqueda de la santidad implica una verdadera conversión o sea un cambio de mente (lo que en griego seria “metanoia”) y no un formalismo de tipo social o moralista. De aquí se desprende un tema al que hicimos una pequeña alusión que es el de los ascetas y santos, por eso la figura del Staretz, que es el nombre dado a ciertos ermitaños o peregrinos que alcanzan fama y respeto por la santidad de su vida y son acogidos como guías espirituales.

De ellos hay muchísimos ejemplos como el de San Antonio, que en su juventud se entregó a la soledad para tener un contacto más pleno con Dios. Así Antonio pasó a la historia como una de las figuras más importante del monacato de oriente. Otro menos conocido pero no menos interesante es el de Jorge de Transilvania o el “Viejo Jorge”, venerado en Rumania y en el monte Athos. Lo más notable es que fue un peregrino (que hasta llegó a Jerusalén) de vida santa en el siglo XIX y que hoy en día el pueblo lo venera como un santo. Decimos que es notable porque generalmente solemos retrotraer esta clase de santos a tiempos más lejanos y porque vemos que clase de valores tiene aquel pueblo al venerar a un hombre de semejantes características.

Por motivos obvios, no podemos extendernos sobre este tema ya que solo queremos remarcar la importancia de la ascesis y la mística.

En lo que respecta a la teología no daremos una explicación “dogmática” ya que no hace al tema, sin embargo resaltaremos una característica importante del oriente que lo diferencia de occidente, el énfasis que cada uno hace sobre aspectos de un mismo hecho religioso que es la vida Cristo; los occidentales suelen hacer hincapié en la cruz, la pasión y el dolor, en su parte más dramática, en cambio los otros se inclinan más por la encarnación, la unión divino-humana, la iluminación y la transfiguración. En pocas palabras, occidente enfatiza la parte humana de Jesucristo, mientras que oriente, la divina.

En este contexto espiritual es donde surge el icono en su estilo y no por una arbitrariedad del gusto o producto de una fase de la “evolución”, como sostienen buena parte de los historiadores del arte que en su mente parecen analizar todo bajo la visión de la Grecia post-aristotélica y del renacimiento, en donde el “realismo” y los criterios más subjetivos de belleza eran los que contaba para la expresión artística.

Nosotros no hablamos de “evolución” (ya que es un término bastante ambiguo y suele evocar conciente o inconscientemente teorías o ideologías filosóficas) sino de perfeccionamiento material. Como tampoco hablamos de subjetivismo estético sino de genio étnico (nada tiene que ver con el genio que del cual occidente se enorgullece, que es anárquico). Don de lo alto sin duda, que favorece a volcar hábilmente lo que se quiere expresar.

Todo esto no es un capricho nuestro porque, como veremos más abajo, hay reglas canónicas que debe seguir el artista y a su vez estas, obviamente, derivan de la tradición espiritual correspondiente. Muchos objetarían que en este tipo de formas artísticas o litúrgicas pueden verse caracteres étnicos y temporales ( que es cierto), por lo que se legitimaría el derecho de ser “hijos de nuestro tiempo” como pretenden los modernistas, o que los “dioses están pintados a imagen y semejanza de los hombres que los fabrican” como dicen los ateos y agnósticos para justificar sus posturas. A esto respondemos que el hombre, si bien tiene su parte espiritual, se encuentra en esta vida en el mundo material y temporal, por lo que es imposible que estos elementos no estén presentes de una u otra forma. Preguntamos a quienes piensen de esa manera si en verdad aquellos hombres que dieron a luz estas formas de arte sagrado y litúrgico tuvieron la intención de “ser de su tiempo”, o si estuvieron sujetos a una moda (tal como lo entendemos hoy en día). Responderemos entonces, como cualquier historiador bien sabe, que estudiar un hecho sin tener en cuenta la mentalidad de la época y peor aún, estudiarlo según la mentalidad del tiempo de uno, representa un obstáculo de tipo socio-cultural para conocer nuestro objeto de investigación.

De aquí se sigue que no pretendemos idealizar románticamente ningún pasado, sino ver los principios bajo los que actuaron aquellos hombres y precisamente estos “principios” son a los que se los puede tildar de eternos e inmutables, por lo menos a medida que los profundizamos.

La teología oriental dedicó un gran espacio a la espiritualidad de los iconos dando una significación al valor del culto de las imágenes, sin embargo ¿Cómo explicar el uso de imágenes cuando en la Biblia encontramos un supuesto rechazo a las mismas? Un pasaje revelador nos dice que los israelitas oían a Dios pero no lo veían en ninguna figura (ver Deuteronomio 4,12 y 15), por eso podemos afirmar que el icono (que viene del griego eikón, imagen) nació con Cristo, que “es la imagen de Dios invisible” (Colosenses 1,15) por lo tanto el Verbo divino cuando se hizo carne, o sea imagen, es representable. San Juan Damaceno, encarnizado enemigo del iconoclasmo dijo: “Cuando veas a aquel que no tiene cuerpo se hace hombre por ti, entonces podrás hacer una representación de su figura humana”. (10)

Es también totalmente licito representar a los santos, ya que Cristo renovó la naturaleza caída del hombre (por el pecado de Adán), dándole su lugar primordial que es el de imagen y semejanza de Dios.

Los iconos entonces no son simples representaciones o cuadros religiosos que solo se diferencian de cualquier otro retrato por el tema, sino que tienen un valor inmediato de mensaje espiritual. El icono nos invita y nos predispone a la contemplación para que podamos ver con los ojos de nuestro interior su mensaje espiritual, ya que la imagen en “si”, por su naturaleza profunda, permite ir mas allá de los que vemos con nuestra vista, y cuando decimos que “esta obra es bella” (en este contexto) queremos decir que es un soporte adecuado para ver mas allá de los visible y que nos recuerda y actualiza lo que estaba latente en nuestro espíritu.

En otras palabras, la imagen nos pone en contacto con Dios, con las realidades espirituales, cumpliendo la función de una “ventana” que nos lleva hacia mas allá de nuestros limites, hacia lo infinito celestial. Vemos el amor de Dios y sus dones.En palabras del papa San Gregorio Magno: “Una cosa es adorar una imagen; otra es aprender, gracias a la ayuda del símbolo, lo que tenemos que adorar”(11) de esta forma se ilustra que la imagen es un “soporte” sensible, un medio para llegar al fin.

Los occidentales por lo general cuando piensan en el arte cristiano se remiten a la mera función didáctica del mismo, por eso se ha dicho frecuentemente que las imágenes son “la Biblia de los pobres”, destinadas a los analfabetos o los menos educados. Sin embargo esto no puede ser del todo verdad cuando nos referimos a los iconos (y a cualquier otro arte tradicional) ya que los conceptos teológicos abstractos que representan y su canon en la técnica nos hacen ver la diferencia que existe con occidente posterior al renacimiento, en donde predomina el naturalismo y el estilo libre.

En cambio, el arte sacro oriental no pretende innovar, ya que siempre se basa en la fidelidad al “modelo”.

La cuestión del canon que hemos mencionado la podemos ver por ejemplo, en el VIII concilio ecuménico, que dice respecto la doctrina del icono que “no ha sido, en modo alguno, inventada por los pintores, sino que por el contrario, es una tradición confirmada y tradición de la Iglesia”. (12)

Tambien en la historia encontramos ejemplos sobre la cuestión del canon en la representación iconográfica, como en el caso del patriarca Joaquín, que exigió en su testamento que los iconos que se pintasen siempre según los modelos antiguos en contraposición a los modelos latinos o alemanes.

Otro punto es el papel del artista, el cual debía pasar por una preparación espiritual y ascética. Éste realizaba su trabajo bajo las indicaciones de un religioso siguiendo la idea de que el que hace la obra debe tratar de desinflar el ego para poder representar la idea tal como es y no según el capricho de las pasiones. Así el artista deberá hacer uso de su “arte” para ser los más exacto posible.

Un dato no poco importante sobre el artista, es su carácter anónimo en la mayoría de las ocasiones, cosa que contrasta con el exhibicionismo de los artistas modernos.

El pintor respeta el simbolismo vinculado con algunos colores, por ejemplo el rojo y el púrpura son símbolo de lo divino, mientras que el verde y el azul lo son de lo terrestre. Por eso Cristo es representado casi siempre con una túnica púrpura y se la suele mezclar con otra azul para mostrar su filiación divino-humana. En cambio la Madre de Dios, tiene un vestido azul de creatura, mientras que el manto de púrpura recuerda su relación y proximidad con lo divino.

También podemos ver, como ejemplo, que la morfología de los cuerpos representados no suele ser “realista” como las pinturas del renacimiento, ya que no se pretende tal cosa como ya hemos señalado. Asimismo las cabezas de las figuras pueden ser mas grandes en relación al cuerpo al igual que sus ojos, indicando la primacía de lo intelectual y de lo contemplativo, como también la tez de los rostros puede ser algo oscura o morena indicando un estado de transfiguración.

Finalizamos diciendo entonces que nada es arbitrario en los iconos, y el poder profundizar sobre los mismos es una buena oportunidad para entrar en el conocimiento simbólico.

Homero Basilio Reyes

NOTAS:

1. San Basilio el Grande, El Tesoro Espiritual, dir: P. Luís Glinca, Buenos Aires, Lumen, 1993, pag 10

2. Debemos recordar que la Iglesia Ortodoxa y Católica comparten los siete primeros concilios ecuménicos y tuvieron comunión entre sí hasta la separación que se produjo en el año 1054. Debemos también aclarar que también existen concilios locales.

3. La Filocalia es una recopilación de los textos más representativos de la tradición hesicasta, realizada en el siglo XVII por San Nicodemo el Hagiorita y el metropolitano Marcio de Corinto. Dicho conjunto de escritos son un “clásico” dentro del mundo ortodoxo, en lo que se refiere a ascética y espiritualidad.

4. Cita de: Dumitru Staniloaë, Oración de Jesús y Experiencia del Espíritu Santo, Madrid, Nancea, pag 100

5. Op cit pag 18

6. Entendemos por oración a la elevación de la mente a Dios; tanto esta oración como cualquier otra puede hacerse mentalmente, sin utilizar la voz; otro dato interesante sobre la técnica, es que también puede acompañarse con ejercicios de respiración. La “oración del corazón” tiene gran importancia en el mundo Ortodoxo porque posee el nombre de Cristo. Por otro lado, nos parece sorprendente que al leer literatura espiritual Ortodoxa, notemos que de una corta frase, se pueda sacar mucho; sin embargo esto no es raro en la mentalidad Oriental, sea cristiana o no.

7. Arte de la Oración, Compilación efectuada por: el Higúmero Chariton de Valamo, Buenos Aires, Lumen, 2005, pag 99

8. Relatos de un Peregrino Ruso a su padre espiritual (anónimo), Buenos Aires, Editorial Troquel,1997. pag 64 a 66

9. Op cit pag 66

10. Citado de :Sor María Donadeo, El Icono Imagen de lo invisible, Madrid, Nancea, pag 16

11. P.L. Glinca, La Madre Dios en los Iconos Bizantino-Eslavos, Buenos Aires, Lumen, 1991, pag 11

12. Citado de : Frithjof Schuon, Castas y Razas seguido de Criterios del Arte Universal, Barcelona, José J. de Olañeta, pag 59.


FUENTE: http://tostadora.blog.com/tag/el-icono-y-la-tradicion-espiritual-cristiano-oriental/


domingo, octubre 08, 2006

INTRODUCCION AL SEMINARIO SOBRE TRADICIONES ESPIRITUALES DE ORIENTE Y OCCIDENTE (Sergio Fritz Roa)



(Fragmentos de la charla dictada por Sergio Fritz Roa en Santiago de Chile durante el mes de Agosto de 2006)




Primero que todo, debo agradecer la concurrencia. La presencia de Uds. es muestra del interés por lo espiritual, incluso en una época, como la nuestra, tan cargada de materialismo.

Durante este breve seminario, intentaremos acercarnos a lo que constituye específicamente la dimensión espiritual del ser humano. En este universo, encontraremos un lenguaje propio (los símbolos), una serie de comportamientos (ritos) que se expresa en una especial comunión, una doctrina que nos habla del Ser y No Ser (la metafísica), conocimientos particulares tendientes a restituir al hombre su aspecto natural o adámico (la cosmología); y otros modos que son particulares.

¿Qué une al cristiano que participa de una misa en una iglesia iluminada con el musulmán quien hace el salat (oración) solitario en el desierto? ¿Qué une a un judío que lee la Tora con el zoroastriano que recita fragmentos del antiquísimo Avesta? ¿Un derviche y un practicante de una danza tribal, no estarán haciendo en el fondo algo semejante, a pesar de las diferencias expresivas?

Sin duda, hay en el fenómeno religioso un factor común: el deseo del hombre de comunicarse con lo Trascendente. Incluso puede faltar el libro sagrado, y seguiremos hablando de religión. Y si vamos allá, puede hablarse de uno o más dioses, y nadie podrá negar que en ambas visiones subyace algo espiritual. Podríamos debatir largamente en cuanto a la religión (a fin de simplificar, usaremos los términos religión y tradición espiritual como sinónimos, salvo cuando se indique que debe entenderse de manera más específica cada término) más conveniente para el hombre; pero ninguno de los que aceptarían un debate tal, negarían la premisa según la cual la religión es necesaria para el hombre. Incluso desde puntos de vistas exotéricos, se puede decir que la religión es positiva para el hombre, pues genera un orden social, una moral, ayuda a los más desposeídos, evita la criminología, le da esperanza a la sociedad, etc.

Alguien me podría rebatir y decir que por culpa de las religiones ha habido inquisición y discriminación. Aquella crítica pierde consistencia cuando sabemos que lo que hizo nacer aquellos errores nada tiene que ver realmente con la religión.

Pues religión proviene de “religio”, es decir volver a unir aquello que estaba separado. Es decir, hay en la religión una pretensión unitaria, de comunión no sólo con Dios sino también con los demás hombres. De allí que se hable en el Cristianismo del Pueblo o Asamblea de Dios, o en Islam de la Umma, la comunidad de fieles musulmanes. Etimológicamente religión es reunir, volver a unir lo disperso. Nos lleva a comprender el estado de exilio, separación en que el hombre vive. La religión busca hacer volver al ser humano a la condición adámica, la cual es previa a la caída, donde Dios-hombre era uno en conciencia y pureza.

Si alguien quisiera culpar a la religión por la existencia del fanatismo, uno podría preguntarse legítimamente porqué hay fanatismo entonces en esferas ajenas a la religión como la política, la música, o el fútbol. De esta manera religión y fanatismo o fundamentalismo como se lo llama hoy, no son sinónimos como pretenden aquellos que odian la religión.

Dijimos hace un momento que religión significa volver a unir. Pero, ¿qué es lo que se une? Al hombre con Dios. Pero si Dios incluye al hombre, ¿por qué hay una necesidad de unir? Porque el hombre muchas veces no sabe aquello que le es benigno. O si llega a saberlo, nada hace para ir en su busca y concretarlo. Aquí además juega un aspecto extremadamente misterioso, que los hindúes denominan Maya y que algunos traducen por ilusión; aun cuando es más preciso hablar de Magia. Llamémoslo en términos más comprensibles, “juego de Dios”. Dios al ser el Ser-de-Todas-las-Posibilidades no ha negado una que interviene hábilmente en lo creado: Dios ha puesto un velo que separa lo visible y lo invisible. La sabiduría islámica nos cuenta a través de un hadit qudsi (es decir un dicho del Profeta Muhammed) lo siguiente: que Allah habría dicho en los comienzos del tiempo histórico: “Yo era un tesoro escondido y quise que el hombre me conociera; y asó creé al mundo”. Es decir, en Dios hay algo oculto que el hombre debe conocer. ¿Cómo llegar a esa dimensión fundamental de Dios? Las religiones o tradiciones espirituales nos dan la respuesta, a través de métodos y herramientas precisos. Cada tradición tendrá su manera de acercarnos a Dios, pues muchos son los caminos… Lo importante es que se trate de una tradición verdadera, es decir que exista una revelación que haya sido transmitida de Dios al hombre, durante lo que Mircea Eliade llama “in illo tempore”. Es decir, el tiempo mítico.

De esta manera no podemos decir que es una tradición auténtica la que formulan los hombres sin que intervenga lo divino. Tampoco es una tradición auténtica la que se intenta restituir en base a ciertos elementos fidedignos y otros imaginarios. Me explico: Si bien la tradición celta puede haberse considerado válida en un momento determinado, hoy al haberse perdido el hilo conductor (la tradición), sólo quedan sombras, algo arqueológico y que si quisiéramos despertar sería imposible; por el contrario crearíamos una mezcla bastante penosa.

Las sectas y lo que Evola llama neoespiritualismos, no son tradiciones; sino sólo parte del reino de la confusión, el cual nada puede ayudar a redimir al hombre.

Demos algunos ejemplos de tradiciones espirituales válidas y vivas. El Cristianismo, el Islam, el Hinduismo, el Budhismo, el Judaísmo. Hay otras menos conocidas para nosotros los occidentales, como el Shintoismo y el Taoísmo.

Estas tradiciones se han expresado en religiones. Y en algunos casos una tradición se divide en dos o varias religiones. Pareciera que por una cuestión de economía se establecieran dos grupos grandes. Y así, en el cristianismo está el Catolicismo y la Ortodoxia; en el Islam, el Sunnismo y el Chiísmo; en el Budhismo, el Mahayana y el Hinayana; etc. En estos casos, ambas son caras de una misma moneda y son maneras de expresarse válidamente dentro de un mismo clima religioso.

Lo que no debemos olvidar al momento de estudiar las religiones es que lo transmitido es una “influencia espiritual no humana”. René Guénon, posiblemente el occidental que en el S.XX comprendió mejor lo referido a lo espiritual, era explícito en señalar este elemento calificador de lo que es tradición. Pues no solo se trata de cualquier transmisión, sino de una específica transmisión. Esta opera generalmente a través de ciertos ritos. Por ejemplo, el bautismo en el Cristianismo. Allí hay un hecho religioso de gran importancia, pues lo transmitido es una influencia que proviene de Dios.

¿Por qué Dios determina tantos caminos posibles para llegar a su misteriosa Faz?
La pregunta hallará una respuesta cuando se considera que los individuos poseen distintas características. Hay constituyentes étnicos, sociales, culturales, temporales que determinan a las personas y que son determinantes al momento de tomar una vía espiritual. Lo que Schuon llama economía divina actúa de manera muy perfecta y hace que en algunos momentos de la historia de la humanidad prevalezca una tradición sobre otras, fenezcan ciertos medios tradicionales, etc.

Cuando el estudioso comprende que a pesar de las lógicas diferencias formales entre las tradiciones, hay una sustancia común y el punto de llegada es el mismo, las apariencias desaparecen y queda solo Dios en su Secreto (el Sirr del cual hablan los sufíes).

Es por ello que los grandes maestros del Sufismo han podido decir algo que para la Sharia (ley islámica, el exoterismo) podría ser inquietante.

“Mi corazón se ha abierto a todas las formas: es pasto de las gacelas, claustro de monjes cristianos, templo de ídolos, la Kaaba del peregrino, las Tablas de la Tora, y el Libro del Corán. Yo practico la religión del Amor; en cualquier dirección que avancen sus caravanas; la religión del Amor será mi religión y mi fe”.
(Ibn Arabí)

“Yo no soy musulmán ni cristiano, ni judío no zoroastriano. No soy ni la tierra ni el cielo; no soy el cuerpo ni el alma”.
(Rumi)


Algunos científicos se han aproximado a lo que llaman “hecho religioso” a través de la disciplina de las “Religiones Comparadas”. Eliade, Couliano, Dumézil o Zaehner han dado algunas directrices o a lo menos ciertos elementos comparativos que nos permiten adentrarnos en esta ciencia. ¿Cuál es el objetivo de las Religiones Comparadas? Ante todo, estudiar seriamente los distintos hechos religiosos: mitos, ritos, símbolos, y ver las convergencias/divergencias entre religiones. ¿Cuál ha sido la utilidad de esta disciplina? En verdad entre el panorama materialista en que se tejen las ciencias modernas, ha sido algo así como un pequeño faro, una luz innegable desde ciertos puntos de vista. Por ejemplo, ha permitido al occidental comprender que un oriental también es un sujeto que busca lo trascendente. Esto que hoy nos parece obvio, no lo era hasta hace poco. Entre la mirada de un hombre del s.XIX y la de nuestro siglo, hay diferencias impresionantes. Y una de las más positivas es este encuentro con el otro. En este caso, con el oriental. Esta mirada de respeto, se la debemos en gran parte a los estudiosos de las Religiones Comparadas. Pero no hay que olvidar que esta ciencia, es una ciencia moderna; y por ello adolece de errores importantes, el principal quizá el estar disociada de una visión espiritual-tradicional que la sustente. Para las RC lo religioso y lo espiritual en general es algo ajeno, el objeto de estudio desde fuera. Por ello los mejores estudiosos de RC son aquellos que han vivido la religión de alguna manera, como fue el rumano Mircea Eliade, quien practicó un tiempo el Hinduismo en la misma India… Pero, lamentablemente, fue muy poco tiempo… y después se vio seducido por el mundo académico. Las críticas de Julius Evola al respecto son muy sinceras y hablan de la pérdida de Eliade para el esoterismo actual.

Desde otros puntos de vista se puede estudiar las tradiciones y/o religiones. Es un campo que nos parece aun más interesante y sólido que el de las Religiones Comparadas, y es lo que algunos han dado en llamar con más o menos precisión como: “escuela tradicional”, “perenialismo”, “sophia perennis”, etc. En este caso no se trata de una ciencia moderna, y en verdad tampoco se pretende una “escuela”. ¿Qué es entonces? Para comprender bien a qué nos referimos, digamos unas cuestiones previas.

El s.XX nace y en Francia el interés por lo “espiritual” se centra casi exclusivamente en el ambiente “ocultista. Lamentablemente el ocultismo es una desviación, donde lo propiamente espiritual se ve desdibujado, por lo cual podríamos decir que es una parodia de espiritualidad. Entre ocultismo y esoterismo hay todo un océano de diferencias. El ocultismo navega por los terrenos psíquicos y lo esotérico en los mares espirituales.

El ocultismo estará siempre ligado con una pretensión de destrucción de las religiones, para hacer verdaderas sombras de ellas. El caso típico ocurre con el teosofismo (que no es lo mismo que Teosofía, conocimiento de lo divino), liderado por Blavatsky, quien en su odio por el cristianismo intenta oponer un budhismo totalmente falso y manoseado por extrañas ideas concebidas en la mente de la misma Blavatsky. Términos como “karma”, “reencarnación”, “maya” que hoy los occidentales usan en su lenguaje cotidiano tienen la connotación errada dada por los teosofistas. Pero un hindú ortodoxo sólo podría mofarse de estos usos.

En el ocultismo, parodia de espiritualidad como decíamos, hay un exceso de interés por lo psíquico. Digamos que el hombre tiene al menos tres planos: el corporal, el psíquico y el espiritual. El último es el que predomina sobre los otros, toda vez que es el que se comunica más directamente con lo divino. En el psíquico afloran influencias peligrosas para el hombre. No es por nada que todos aquellos, como los ocultistas, que se quedan solo en lo psíquico se someten a influencias perjudiciales, no siendo extraños fenómenos de perturbación mental. La “ufología” o el “platillismo”, una manera ultramodernizada de ocultismo, con sus “hermanos mayores”, sus “mensajes astrales”, ha llevado a más gente al psiquiátrico que lo uno pudiera pensar de algo aparentemente tan inofensivo.

Pero volvamos a la Francia de inicios del s.XX, especialmente Paris. Este ambiente saturado de ocultismo, magia negra, espiritismo, verá nacer a un hombre excepcional. Y, como dirá acertadamente Charles André Gilis, no será casual que en este fango, surja el antídoto para Occidente: René Guénon.

Por el tiempo que poseemos, no podemos extendernos en los detalles de la vida de Guénon, la cual como alguien acertadamente ha dicho a diferencia de la clásica biografía del esoterista francés nada tenía de simple. Lo fundamental, sin embargo, debe ser establecido: Guénon tuvo conocimiento directo del ocultismo (pues participó de algunas organizaciones de este tipo en su juventud), lo estudio, lo siguió y lo denunció. Descubrió que tras el ocultismo existe la subversión, es decir un intento de invertir todo lo espiritual; y que en cambio lo que se debe hacer es restituir las tradiciones espirituales, pues sólo ellas poseen los medios idóneos para otorgar al hombre primero la salvación y luego la realización espiritual.

Hoy, cuando se habla de una Yoga sin Hinduismo, una meditación budhista sin Budhismo, un Sufismo (Tasawwuf) sin Islam, una oración del corazón sin Ortodoxia, el empleo del rosario y de invocación angelical sin conocer la esencia del Catolicismo, se hace más necesario volver a Guénon.

Lo que dice Guénon en resumidas cuentas y en lenguaje sencillo es lo siguiente: el hombre a través del tiempo se ha ido alejando de Dios, y de los centros espirituales que eran los puentes entre Él y los seres humanos, a tal punto que dichos centros se han ido ocultando. La manera de volver a la espiritualidad real, es volver a la tradición. Es decir a la aceptación de la necesidad de las formas tradicionales. Sólo ellas pueden otorgar un remedio eficaz al hombre moderno. Toda tradición es un medio útil; pero indudablemente hay algunas que atañen mejor a un determinado hombre, debido a características que constituyen lo que Evola llama “la ecuación personal”. De esta manera, toda tradición/religión debe ser considerada en alta estima, llámese Catolicismo, Budhismo, Judaísmo, Ortodoxia, Islam, tradiciones amerindias, etc. Sólo ellas han demostrado que a lo largo de los siglos han dado ejemplos de santidad y de realización espiritual, asegurando la vida espiritual de millones de seres.

En este Seminario hablaremos y conoceremos los aspectos o pilares centrales de las tradiciones espirituales vivas más importantes. Conoceremos algunas de Oriente como de Occidente. Ustedes podrán así darse cuenta que la misma búsqueda es la que guía a un católico que a un monje budhista; a un hindú que a un musulmán. El misterio de lo trascendente que se expresa en el silencio. Cuando las palabras pierden sentido es porque Dios está hablando. Y es precisamente esa experiencia única, íntima, inenarrable, la cual constituye lo espiritual por antonomasia.