El 19 de julio de 1947, a pocas semanas del célebre
avistamiento de Kenneth Arnold, en los Estados Unidos, el diario chileno El
Mercurio publicó una noticia extraordinaria.
Desde el puerto de Valparaíso se informaba que un
ingeniero inglés aseguraba haber concebido e ideado los discos voladores varios
años antes de que estos objetos comenzaran a provocar una enorme preocupación
en distintas partes del mundo.
Su nombre era W. H. S. Ashlin, un ingeniero que
residía en Chile y que, según el periódico, había desarrollado en su estadía en
Valparaiso, un invento de estas características en 1939, cuando la aviación
alemana constituía una poderosa fuerza militar.
La noticia apareció bajo el siguiente titular: «Un
inventor de los discos voladores está en este puerto y nos habla sobre ellos».
De acuerdo con el artículo, la aparición de objetos
que presentaban características semejantes a las de discos voladores había
generado toda clase de comentarios y conjeturas. Algunos sostenían que podían
tratarse de experimentos relacionados con nuevas tecnologías militares; otros
llegaban a interpretarlos como manifestaciones de una supuesta desintegración
del sistema planetario.
En medio de este ambiente de incertidumbre, Ashlin
ofrecía una explicación que pretendía resolver el misterio: los discos
voladores serían artefactos artificiales, dotados de un sistema de propulsión
propio, capaces de desplazarse a velocidades extraordinarias.
Pero lo más llamativo de su declaración era que
aseguraba haber concebido aquel invento años antes, e incluso afirmaba disponer
de documentación relacionada con sus investigaciones.
2. ¿Quién era W. H. S. Ashlin?
Según la información publicada por El Mercurio,
W. H. S. Ashlin era un ingeniero recibido en Inglaterra que llevaba muchos años
radicado en Chile.
Tenía 44 años y vivía en Valparaíso. Hasta hacía poco
tiempo había desempeñado funciones como administrador de la Shell Mex en Viña
del Mar. Durante la Primera Guerra Mundial, además, había servido como piloto
de guerra de la fuerza aérea británica.
En el momento de la entrevista, Ashlin era socio de la
firma Broom, Ashlin Engineering Company Limited, dedicada a trabajos de
ingeniería y consultoría. La empresa tenía sus oficinas en la avenida Errázuriz
401, en Valparaíso.
Estos antecedentes fueron presentados por el periódico
para explicar por qué había decidido entrevistarlo acerca de los discos
voladores. Su experiencia en ingeniería y aviación, junto con su trayectoria
profesional, constituían los elementos mediante los cuales el diario introducía
a su entrevistado.
La declaración inicial de Ashlin fue categórica.
Sostuvo que los objetos observados correspondían efectivamente a discos
voladores en proceso de experimentación por parte de alguna nación poderosa,
posiblemente Estados Unidos.
Por consiguiente, según su interpretación, debía
descartarse la posibilidad de que aquellos fenómenos fueran consecuencia de
alteraciones planetarias.
La afirmación constituía el punto de partida de una
explicación que el ingeniero vinculaba directamente con sus propios
experimentos.
(Las páginas de los reportajes en el diario El Mercurio)
3. La idea concebida en 1939
El origen del invento se remontaba, según Ashlin, a
finales de 1939.
Durante la entrevista, explicó que había comenzado a
considerar la posibilidad de desarrollar aquellos dispositivos cuando la
aviación alemana constituía una amenaza para Londres.
El ingeniero relató que, ante la necesidad de
encontrar un medio capaz de contrarrestar el poderío aéreo alemán, llegó a la
conclusión de que resultaba necesario inventar algo que fuera más allá de los
aviones convencionales.
Fue entonces cuando concibió la idea de los discos
voladores.
Según su descripción, estos artefactos podían ser
lanzados al espacio y cubrir grandes extensiones, de manera que la aviación
enemiga encontrara obstáculos durante sus desplazamientos.
La idea consistía en desplegar numerosos discos
metálicos que dificultaran el avance de los aviones y limitaran sus
posibilidades de maniobra.
Ashlin afirmó que, después de realizar largos
experimentos en laboratorios, había logrado resultados satisfactorios con
aparatos en miniatura.
El periódico señalaba, además, que el ingeniero había
mostrado documentación relacionada con su invento y comunicaciones mantenidas
con organismos británicos.
4. Discos metálicos con propulsión
propia
La descripción técnica que Ashlin ofreció a El
Mercurio constituía uno de los aspectos más sorprendentes de la entrevista.
Su proyecto inicial contemplaba lanzar los discos desde
aviones en vuelo. Para ello, había imaginado utilizar tubos instalados en las
aeronaves, desde los cuales los dispositivos serían disparados mediante un
mecanismo de lanzamiento.
Según explicó, bastaría presionar un botón para que
los discos salieran despedidos a gran velocidad.
El propósito original era emplearlos como un medio
defensivo contra las escuadrillas enemigas. Los discos serían lanzados desde
una altura de aproximadamente 200 metros sobre las máquinas alemanas,
dispersándose sobre una extensión considerable del espacio aéreo.
(Video completo en youtube)
De acuerdo con los experimentos que Ashlin afirmó
haber realizado, los discos podrían atravesar el fuselaje de los aviones
enemigos o destruir partes vitales de sus estructuras.
Sin embargo, su descripción no se limitaba a la
utilización de estos objetos como proyectiles.
El ingeniero sostuvo que los discos dispondrían de
propulsión propia y girarían con una fuerza extraordinaria. Atribuía a este
movimiento la capacidad de alcanzar un radio de acción considerable y
velocidades que, según sus declaraciones, superarían las de los proyectiles
V-2.
(CONTINÚA EN https://patreon.com/c/sergiofritz)

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