viernes, enero 16, 2026

PRÁCTICA DE MEDITACIÓN OSCURA. SENDERO SINIESTRO.

 



El Sol Negro y el Abismo Interior

La meditación oscura surge como un gesto de recogimiento profundo. En ella, la conciencia abandona la superficie y se orienta hacia un espacio interior más denso, más silencioso, manifestando aspectos ocultos pero troncales del ser y de la realidad. Algo en el interior reconoce que la claridad auténtica nace en regiones poco transitadas.

Este camino conduce hacia la sombra interior, hacia el punto donde las formas habituales pierden solidez. Allí aparece el símbolo del Sol Negro, eje central de esta experiencia.

El Sol Negro, símbolo mítico que aparece ya en textos sumerios y se representa en viejos tratados alquímicos, actúa como un centro de gravedad interior. Su presencia atrae la atención hacia dentro del sí mismo, comprimiendo la dispersión y concentrando la conciencia en su núcleo oculto. En la tradición hermético-alquímica, este estado corresponde a la nigredo, fase donde el yo entra en descomposición ritual y la materia interior se vuelve fértil.

La contemplación del Sol Negro conduce a una quietud cada vez más profunda. La mente reduce su movimiento, los relatos personales, ese ruido incesante de la mente, se aquietan y la conciencia aprende a sostenerse en un espacio desnudo de expectativas. Este proceso abre el acceso a una vivencia límite: ¡el Abismo!

El Abismo se revela como una profundidad interior radical. Las creencias se disuelven, las máscaras pierden fuerza y la estructura habitual del yo comienza a ceder. En ese umbral, la conciencia se aproxima a un principio impersonal, anterior a toda forma psicológica.

Desde este punto, la meditación se transforma en experiencia directa.

 



Práctica Interior

A continuación te daré un ejercicio, que me ha sido muy útil los cinco últimos años para viajar a esos terrenos desconocidos del ser y de la realidad externa. Lo llamo el Descenso al Sol Negro

El primer paso será adoptar una postura estable. La columna se eleva con naturalidad. La respiración desciende hacia el vientre y se vuelve amplia, pausada, envolvente. La atención se recoge suavemente hacia el interior.



Permite que los pensamientos se vuelvan difusos, que las imágenes pierdan definición. La conciencia ha de concentrarse en una sensación de densidad tranquila, como si todo comenzara a reunirse en un centro profundo.

En ese centro, percibe la presencia del Sol Negro. Un sol interior, oscuro y silencioso, que absorbe la atención y la conduce hacia lo esencial. La identidad se comprime, la historia personal se afloja, el nombre interior se desvanece.

La conciencia desciende…

El Abismo se abre como una profundidad viva. Allí, el vacío se manifiesta como presencia plena, como origen silencioso. El Sol Negro y el Vacío se reconocen como una misma realidad central.

Permanece en ese espacio. La experiencia debe volverse íntima, directa, esencial. La conciencia descansa en una lucidez serena, estable, profunda.

El retorno acontece de manera gradual. La atención vuelve al cuerpo. La respiración retoma su ritmo natural. Una huella silenciosa permanece en el centro del pecho o en el interior de la cabeza.

Agradece a los espíritus guías del Sendero Sombrío, esta posibilidad de autoconocimiento y viaje a lo oculto

El Sol Negro opera como un umbral interior.
El Abismo actúa como principio de transformación.

Te aseguro que si practicas esta meditación de manera fiel a como la explico aquí, abrirá un contacto directo con el misterio del Vacío y con el centro oculto de la conciencia, allí donde la experiencia espiritual se vuelve real, íntima y radical.

Sergio Fritz, caminante de sendas olvidadas.

Fritz.sergio@gmail.com

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