jueves, julio 28, 2016

¿QUIÉNES ERAN LOS ASSACIS O ASESINOS? (SERGIO FRITZ ROA)



(Ilustración que muestra como se imaginaban los occidentales a Hassan ibn Sabbah, el "Viejo de la Montaña", lìder de los assacis o asesinos)



a).- Sobre el origen de la palabra Assacis


No ha sido fácil hallar un consenso entre los estudiosos acerca del origen del nombre de esta expresión del Chiísmo ismaelí. Se ha escrito de diversas formas, y por tanto se le han asignado distintos significados.

Una de las primeras referencias a los assacis dada por un europeo se encuentra en la obra de Benjamín de Tudela, titulada “El itinerario de Benjamín de Tudas”. El autor habría estado en Siria, donde supo acerca de los ismaelitas sirios a los cuales llama “hashishin”. El historiador Arnold de Lubeck algunas décadas después ocupó el término “heissessin”.William de Rubruck en el s.XIII empleará el modo “axasins”; y Marco Polo, quien hará célebre en Europa a los assacis, los denomina “ashishin”.

El célebre veneciano relacionará el término con la palabra Hashis, de allí que los considere como “fumadores de Hachís”, interpretación inexacta que, sin embargo, se hará predominante en el Occidente, incluso hasta hoy a pesar de haberse alzado las voces de algunos estudiosos que han demostrado lo inadecuada de la mencionada visión.

Más plausible parece ser la interpretación que indica que se trataría de assasiyoum, es decir “los fieles al Assa” (fundamento de la fe), y especialmente la que nos precisa que provendría del plural de la palabra árabe assa (guardián). Los aspectos teológicos y militares de la Orden de los assacis, como veremos, eran algo central en su forma de vida.



b).- Sus ideas

Como hemos visto, las ideas de los assacis eran chiitas, y específicamente ismaelíes. Por tanto creían que no bastaba el Qur´an y los hadices para comprender plenamente el mensaje profético; sino que se debía recurrir a los Imames, quienes eran las únicas personas autorizadas de su interpretación. A los assacis les repugnaba el poder dominante, pues consideraban que no estaba plenamente justificado, y, que los únicos auténticos detentadores no podían ser otros que los descendientes del Profeta Muhammad. De allí que los chías cuando hacen sus bendiciones o nombran al Profeta agreguen al tradicional “paz y bendición a él”, la frase: “y a su bendita descendencia”.

Como ya se habrán dado cuenta nuestros lectores, el Imam en el chiísmo ocupa un lugar central, dándosele un concepto muy específico. Para el Islam sunnita la palabra “imam” se relaciona con la fe y también se utiliza para referirse a aquel que dirige la oración (salat) en comunidad. En cambio, para el chiíta implica una cualidad personal que solo algunos elegidos por Dios tienen; pues sólo ellos tienen el pleno poder para interpretar válidamente la palabra divina. Pero el Imam también cumple una labor comunitaria, y de allí que pueda equipararse al Califa. Henry Corbin señalaba que la “Demanda del Imam” era el equivalente para un ismaelí de lo que significaba para un caballero medioeval cristiano la “Búsqueda del Grial”.

Una vez que el último Imam se ocultó, en el chiísmo se hizo imprescindible -para así poder interpretar la voz divina- la existencia de un sacerdocio, el de los mulás; cuestión que lo diferencia de los seguidores de la Sunna.

Aun cuando autores como Corbin han dicho frecuentemente que otra diferencia entre sunnitas y chiítas es el esoterismo, el cual solo estaría en estos últimos, podemos declarar con fuerza que ello es falso, por cuanto la mayoría de los sufíes son sunnitas y conservan la doctrina más interna del Islam dentro de la Sunna. Tampoco es casual que los más importantes autores de lo que se ha dado en llamar “escuela” tradicional (la cual se caracteriza por la defensa de la Tradición en oposición al mundo moderno, y que rescata el esoterismo) sean musulmanes sunnitas: René Guénon, Frithjof Schuon, Martin Lings, Titus Burckhardt y Michel Vâlsan.

Las doctrinas del ismaelismo se caracterizan entre otras, por las siguientes.

Una muy importante es la diferencia entre zahir y batin. Zahir es lo exotérico, representado por la Shari´a y la literalidad del Qur´an. Batin en cambio es un concepto que designa lo esotérico. Lo propiamente ismaelí de esta diferenciación (que hallamos en otras escuelas islámicas) es que el primero (zahir) está graficado por el Profeta del Islam, y el segundo (batin) por los Imames y su enseñanza.

El Qur´an encerraría siete niveles, cada cual más esotérico que el precedente. La manera que permitiría el acceso a la comprensión de dicho niveles es el Ta´wil, o ciencia exegética. Según Henri Corbin, esta palabra en su etimología significa “llevar de nuevo, reconducir a”. Pues de lo que se trata es hallar el sentido último (y, por tanto, primigenio) de las palabras plasmadas en el Qur´an.

También caracterizará el corpus doctrinal de los assacis el concepto de Talim (enseñanza de la autoridad). Este tema será desarrollado por Hasan ibn Sabbah en su libro “Los cuatro capítulos”, donde hace del Imam un engarce central de la labor profética. Esta creencia en el Talim hizo que en ocasiones los assacis fueran conocidos como talimiyya.

Los ismaelíes de Hasan II llegarán más lejos que otros chiítas, negando incluso la utilidad de lo exotérico, por tanto dejando a un lado las clásicas prescripciones alimenticias y formalidades rituales. Su célebre “Declaración de Alamut” o “Anunciación de la Resurrección” establecía que él era el Califa; que la Shari´a era abolida; y proclamó la qiyama (resurrección de los muertos). Aquellos que aceptaban dicho testimonio, serían favorecidos con la vida eterna.

Finalmente, debe considerarse como relevante de la gnosis ismaelí el hecho que Fatima (la hija del Profeta Muhammad y señora de Alí) sea exaltada a niveles que recuerdan al Catolicismo respeto de la Virgen María. Es llamada incluso “Fatima la Resplandeciente” (Fatima al-Zahra), y es la mujer celestial, pura, en contraposición a la mujer terrenal, efímera. Es interesante confrontar esta búsqueda de la mujer espiritual con el ciclo griálico, donde el amor es sublimado y expresado en una lucha contra la materia.

Otra rama ismaelí que se caracterizaba por la defensa de la universalidad tradicional y en palabras de Pierre Ponsoye (véase su libro “El Islam y el Grial”)daban una gran importancia a las ciencias cosmológicas, en especial a la Alquimia”, era la constituida por los “Hermanos de la Pureza” (Ikhwânu´s–Safâ). Esta escuela esotérica habría nacido en la ciudad de Basora, a mediados o fines del s.X D.C.





(Alamut, la fortaleza donde tenía su sede y morada el "Viejo de la Montana")



c.- Paralelo entre los assacis y los templarios


Una vez dados algunos conceptos de importancia en torno a la Orden del Temple y el Islam, podemos realizar una mirada más profunda que aproxime a templarios y assacis.

Tanto templarios como assacis se caracterizaban por ser una caballería espiritual asentada en sus respectivas religiones. Tanto una como otra Orden fueron acusadas de heterodoxas, por la escolástica dominante. Y así los templarios según algunos autores serían “juanistas” y los assacis ismaelíes.

En cuanto a los grados jerárquicos en los que se constituían ambas órdenes, hay semejanzas evidentes. Y así, el Maestre templario era para los assacis el Sheik el-Djabal o Señor (Viejo, en el sentido de sabio, experimentado) de la Montaña. Luego venían los grandes priores templarios con su correspondiente en los assacis llamados dais; y los simples priores templarios que eran conocidos en la secta de los assacis como dailkeberis. Más abajo, los caballeros cristianos eran los refik islámicos; los escuderos, los fiddiyyin; y los hermanos, los lassik. Se ha sugerido que los templarios habrían imitado el modelo jerárquico de los assacis, toda vez que estos últimos serían anteriores, lo cual tiene muchas posibilidades de ser efectivo dado que fue precisamente en Tierra Santa donde se dan los primeros pasos (al menos los visibles) de constitución de la Orden del Temple.

La duración de ambas órdenes será alrededor de 170 años.

Ambos grupos darán una importancia a los castillos que no había sido considerada tan vital por sus respectivos hermanos de fe.

El común interés por la alquimia. Se cree que muchos miembros templarios la estudiaban tal como la estudiaron y practicaron algunos assacis de los niveles más altos.

La vestimenta usada por los miembros de ambas organizaciones iniciáticas era muy semejante: traje blanco con algún distintivo de color rojo.

Más allá incluso de los aspectos formales, estructurales y organizativos de ambos grupos, es evidente que había otros contenidos, que deben ser indicados aquí y que demuestran que hubo necesariamente una comunicación entre ambas órdenes de caballería y es la que dice relación con su objetivo. No por nada tanto assacis y templarios eran conocidos como “guardianes de Tierra Santa”. Y es esta función la que los une más allá de toda cuestión de “coincidencias” formales.

Como hemos visto, para musulmanes y cristianos (y, ciertamente, judíos) Jerusalén y sus alrededores han sido considerados como “Tierra Santa”. Custodiar estos lugares se imponía como uno de los deberes máximos para los militia y los fede´i ismaelitas. Pero tal función no comprendía solo el aspecto geográfico (es decir, custodiar Palestina), sino uno más importante: preservar la Tradición.

Ya René Guénon ha expuesto claramente este punto como para redundar en ello; sólo nos bastará con indicar que la caída del Temple marca en la historia del Occidente un descenso general, del cual nunca más se repondrá. Ello, por supuesto, tiene explicaciones de orden ciclológico, que los sabios hindúes (de forma semejante a sus hermanos iranios) ya habían previsto y que explicaron con su doctrina de los Yugas, siendo el último el Kali Yuga, etapa en la cual la humanidad vive, y que se caracteriza por el alejamiento de los seres humanos de la Tradición Primordial.

Al ser abolida la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, se rompe el lazo que unía al esoterismo de Occidente con el oriental, y aun cuando los franciscanos todavía detenten el título de “Guardianes de Tierra Santa”, no se volverá más en el Cristianismo al desarrollo efectivo de tal función. De destacar, sin embargo, es el hecho que Francisco de Asís haya entablado un diálogo fraterno con el sultán Malik el-Kamil, en el periodo de la Quinta Cruzada, quien apreció la sencillez y bondad del santo, a quien agasajó con regalos.



(Fragmentos del libro "Templarios: Cruz y Media Luna. Dos visiones sobre la Orden del Temple", de
Sergio Fritz Roa y Pedro Silva, editado por Bajo los Hielos, Santiago, 2007)

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