viernes, octubre 09, 2026

EL HOMBRE QUE ASEGURÓ HABER CREADO LOS OVNIs (Sergio Fritz)


El 19 de julio de 1947, a pocas semanas del célebre avistamiento de Kenneth Arnold, en los Estados Unidos, el diario chileno El Mercurio publicó una noticia extraordinaria.

Desde el puerto de Valparaíso se informaba que un ingeniero inglés aseguraba haber concebido e ideado los discos voladores varios años antes de que estos objetos comenzaran a provocar una enorme preocupación en distintas partes del mundo.

Su nombre era W. H. S. Ashlin, un ingeniero que residía en Chile y que, según el periódico, había desarrollado en su estadía en Valparaiso, un invento de estas características en 1939, cuando la aviación alemana constituía una poderosa fuerza militar.

La noticia apareció bajo el siguiente titular: «Un inventor de los discos voladores está en este puerto y nos habla sobre ellos».

De acuerdo con el artículo, la aparición de objetos que presentaban características semejantes a las de discos voladores había generado toda clase de comentarios y conjeturas. Algunos sostenían que podían tratarse de experimentos relacionados con nuevas tecnologías militares; otros llegaban a interpretarlos como manifestaciones de una supuesta desintegración del sistema planetario.

En medio de este ambiente de incertidumbre, Ashlin ofrecía una explicación que pretendía resolver el misterio: los discos voladores serían artefactos artificiales, dotados de un sistema de propulsión propio, capaces de desplazarse a velocidades extraordinarias.

Pero lo más llamativo de su declaración era que aseguraba haber concebido aquel invento años antes, e incluso afirmaba disponer de documentación relacionada con sus investigaciones.

2. ¿Quién era W. H. S. Ashlin?

Según la información publicada por El Mercurio, W. H. S. Ashlin era un ingeniero recibido en Inglaterra que llevaba muchos años radicado en Chile.


(Valparaíso en la época del reportaje)


Tenía 44 años y vivía en Valparaíso. Hasta hacía poco tiempo había desempeñado funciones como administrador de la Shell Mex en Viña del Mar. Durante la Primera Guerra Mundial, además, había servido como piloto de guerra de la fuerza aérea británica.

En el momento de la entrevista, Ashlin era socio de la firma Broom, Ashlin Engineering Company Limited, dedicada a trabajos de ingeniería y consultoría. La empresa tenía sus oficinas en la avenida Errázuriz 401, en Valparaíso.

Estos antecedentes fueron presentados por el periódico para explicar por qué había decidido entrevistarlo acerca de los discos voladores. Su experiencia en ingeniería y aviación, junto con su trayectoria profesional, constituían los elementos mediante los cuales el diario introducía a su entrevistado.

La declaración inicial de Ashlin fue categórica. Sostuvo que los objetos observados correspondían efectivamente a discos voladores en proceso de experimentación por parte de alguna nación poderosa, posiblemente Estados Unidos.

Por consiguiente, según su interpretación, debía descartarse la posibilidad de que aquellos fenómenos fueran consecuencia de alteraciones planetarias.

La afirmación constituía el punto de partida de una explicación que el ingeniero vinculaba directamente con sus propios experimentos.



(Las páginas de los reportajes en el diario El Mercurio)



3. La idea concebida en 1939

El origen del invento se remontaba, según Ashlin, a finales de 1939.

Durante la entrevista, explicó que había comenzado a considerar la posibilidad de desarrollar aquellos dispositivos cuando la aviación alemana constituía una amenaza para Londres.

El ingeniero relató que, ante la necesidad de encontrar un medio capaz de contrarrestar el poderío aéreo alemán, llegó a la conclusión de que resultaba necesario inventar algo que fuera más allá de los aviones convencionales.

Fue entonces cuando concibió la idea de los discos voladores.

Según su descripción, estos artefactos podían ser lanzados al espacio y cubrir grandes extensiones, de manera que la aviación enemiga encontrara obstáculos durante sus desplazamientos.

La idea consistía en desplegar numerosos discos metálicos que dificultaran el avance de los aviones y limitaran sus posibilidades de maniobra.

Ashlin afirmó que, después de realizar largos experimentos en laboratorios, había logrado resultados satisfactorios con aparatos en miniatura.

El periódico señalaba, además, que el ingeniero había mostrado documentación relacionada con su invento y comunicaciones mantenidas con organismos británicos.

4. Discos metálicos con propulsión propia

La descripción técnica que Ashlin ofreció a El Mercurio constituía uno de los aspectos más sorprendentes de la entrevista.

Su proyecto inicial contemplaba lanzar los discos desde aviones en vuelo. Para ello, había imaginado utilizar tubos instalados en las aeronaves, desde los cuales los dispositivos serían disparados mediante un mecanismo de lanzamiento.

Según explicó, bastaría presionar un botón para que los discos salieran despedidos a gran velocidad.

El propósito original era emplearlos como un medio defensivo contra las escuadrillas enemigas. Los discos serían lanzados desde una altura de aproximadamente 200 metros sobre las máquinas alemanas, dispersándose sobre una extensión considerable del espacio aéreo.



 (Video completo en youtube)


De acuerdo con los experimentos que Ashlin afirmó haber realizado, los discos podrían atravesar el fuselaje de los aviones enemigos o destruir partes vitales de sus estructuras.

Sin embargo, su descripción no se limitaba a la utilización de estos objetos como proyectiles.

El ingeniero sostuvo que los discos dispondrían de propulsión propia y girarían con una fuerza extraordinaria. Atribuía a este movimiento la capacidad de alcanzar un radio de acción considerable y velocidades que, según sus declaraciones, superarían las de los proyectiles V-2.


(CONTINÚA EN https://patreon.com/c/sergiofritz)


 

No hay comentarios.: